El Helicobacter pylori (H. pylori) es una bacteria espiral microaerofílica, transmitida entre humanos y que causa una gastritis crónica en los individuos infectados. De los individuos infectados por H. pylori desarrollarán una úlcera péptica en algún momento de su vida. Además, alrededor de un 1% presentará complicaciones de la úlcera como hemorragia o perforación. La infección por H. pylori es también el principal factor de riesgo para el adenocarcinoma y el linfoma MALT gástricos.
La infección por H. pylori se adquiere en la infancia y en la mayoría de los casos persiste hasta la edad adulta. Si no es tratada, la infección produce una inflamación gástrica crónica y es causa de úlcera péptica (entre un 10% y un 20%) [3], gastritis atrófica, linfoma MALT y adenocarcinoma gástrico hasta en un 20% de los infectados. La lesión más frecuente en los niños es la gastritis crónica y, a diferencia de los adultos, es raro que en la infancia se desarrollen estas complicaciones. La transmisión de la infección es básicamente intrafamiliar, siendo las madres la fuente principal de infección [5].
Incidencia y prevalencia H. Pylori
Existe una elevada incidencia y prevalencia de la infección por H. pylori a nivel mundial, pero ha disminuido en los últimos años especialmente en países industrializados y en las cohortes más jóvenes. La prevalencia de la infección depende de factores geográficos, étnicos y socioeconómicos, y es mayor en los medios menos desarrollados. La alta densidad de población, las malas condiciones higiénicas y el hacinamiento son factores predisponentes de la infección por H. pylori.
La prevalencia en países del sur de Europa, como España y Portugal, permanece alta a pesar de que los niveles socioeconómicos y sanitarios son similares a los de otros países europeos con menor prevalencia de esta infección.
Signos y Síntomas de la infección por HP
La mayoría de los niños son asintomáticos y, en caso de presentar síntomas, estos son inespecíficos. No se ha encontrado relación entre la infección por H. pylori con el dolor abdominal crónico de características funcionales. Sin embargo, la úlcera asociada a la infección por H. pylori puede causar dolor abdominal y hemorragia digestiva alta, siendo la indicación más importante de búsqueda de esta infección.
| Vómitos persistentes |
| Disfagia, odinofagia |
| Hematemesis, melenas |
| Pérdida de peso involuntaria |
| Disminución de la velocidad de crecimiento |
| Fiebre de origen desconocido |
| Artritis |
| Enfermedad perianal |
| AF de enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad celiaca o úlcera péptica |
La infección por H. pylori ha sido también relacionada con patología extradigestiva como la anemia ferropénica refractaria y la trombocitopenia inmune primaria crónica.
Diagnóstico y tratamiento H. Pylori
El diagnóstico de la infección en la infancia debe efectuarse mediante métodos invasivos que precisan de una endoscopia para su realización (cultivo, estudio histológico, test rápido de ureasa y PCR). Los métodos no invasivos (test de aliento con urea C13 y estudio de antígeno de H. pylori en heces) están reservados fundamentalmente para el control de la erradicación del germen [5]. Deben suspenderse los antibióticos al menos cuatro semanas antes de la realización de la endoscopia. Los IBP se suspenderán al menos dos semanas antes.
El tratamiento debe ser guiado por el resultado del estudio de sensibilidad bacteriana a los antibióticos, obtenido por el cultivo de la mucosa gástrica. Actualmente, la primera línea de tratamiento utilizada en los niños consiste en la combinación de un inhibidor de la bomba de protones (IBP) con dos antibióticos que incluyen, la amoxicilina más la claritromicina o el metronidazol, durante 14 días.
El nivel de erradicación de la infección por Helicobacter Pylori en los niños ha descendido de manera importante en relación con el aumento de las resistencias bacterianas a los antibióticos, especialmente a los macrólidos, y en menor grado al metronidazol. Por esta razón, en la población pediátrica no se recomienda la estrategia test and treat, muy utilizada en adultos, y que consiste en iniciar un tratamiento erradicador basado en la positividad de una prueba no invasiva. Debe comprobarse la eficacia del tratamiento erradicador al menos cuatro semanas después de finalizar el tratamiento, mediante test no invasivos validados (test de aliento o test de antígeno monoclonal en heces) [5].
Nutrición e infección por Helicobacter Pylori
La posibilidad de tratar la infección por Helicobacter Pylori con productos alimenticios parece ser una opción muy atractiva y prometedora debido al costo relativamente bajo, la disponibilidad y la ausencia de efectos adversos, pero son necesarios un mayor número de ensayos prospectivos aleatorizados que evalúan su uso en la práctica clínica.
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Lactoferrina: es una glicoproteína de la familia de las transferrinas que quela
los iones de hierro y, por lo tanto, limita la disponibilidad de este elemento para
las bacterias; además, puede presentar efectos sinérgicos con los antibióticos
debido a que facilita su penetración a través de la membrana celular.
La lactoferrina está presente en la leche materna y de vaca, gránulos de neutrófilos, saliva y lágrimas. -
Isotiocianatos: Las verduras del género Brassica (entre otras, la coliflor,
el nabo, el repollo, la colza, el rábano) contienen sustancias llamadas
isotiocianatos que poseen actividad anticancerígena, mediada por inducción de
apoptosis, inhibición de la proliferación celular y modulación de citocromos
hepáticos involucrados en el metabolismo de carcinógenos.
El sulforafano, cuyas concentraciones más altas (en forma de un precursor llamado glucorafanina) se observan en el brócoli y sus brotes, es uno de los isotiocianatos que inhiben el crecimiento de H. pylori. En un estudio en pacientes asintomáticos con infección confirmada por H. pylori, una ingesta de 70 g/día de brotes de brócoli (que contenían 420 µmol de glucorafanina) resultó en una disminución significativa de la intensidad de la colonización, que se evaluó en la prueba de aliento con urea y la prueba de antígeno en heces. Esta terapia fue bien tolerada y no se informaron efectos adversos asociados con la ingesta de brotes de brócoli. - Derivados fenólicos: muchas frutas como frambuesa, fresa, mora y arándano muestran actividad bacteriostática in vitro contra H. pylori y en un ensayo doble ciego aleatorio prospectivo en el que participaron 189 adultos con infección por Helicobacter Pylori, que bebieron 250 ml de jugo de arándanos durante un período de 90 días. En el 14,46% de los pacientes, la prueba de aliento con urea fue negativa en el día que se mantuvo en el día 90.
- Mieles: la actividad antibacteriana es atribuible, entre otras cosas, a su alta osmolaridad y bajo contenido de peróxido de hidrógeno y pH. Algunos tipos de mieles, como las mieles de roble y manuka, exhiben una potente actividad bacteriostática in vitro contra Helicobacter Pylori e inhiben la actividad de la ureasa. En un estudio que evaluó los hábitos nutricionales de 150 pacientes con dispepsia, la ingesta de miel al menos una vez a la semana se asoció con una prevalencia significativamente menor de infección por H. pylori.
- Aceites y ácidos grasos: se ha demostrado que los ácidos grasos poliinsaturados, omega-3 y -6, inhiben el crecimiento in vitro de H. pylori. Además, los aceites de origen vegetal contienen muchos polifenoles que presentan actividad bacteriostática frente a H. pylori. En condiciones de laboratorio, los siguientes productos alimenticios exhiben actividad bacteriostática contra H. pylori: aceite de semilla de grosella negra, aceite de pescado, aceite de semilla de zanahoria o aceite de semilla de naranja. En dos ensayos en los que se intervino con la administración de aceite de oliva se mostró una eficacia moderada en la erradicación de Helicobacter Pylori. En un estudio japonés se descubrió que el ácido linoleico y el ácido μ-linolénico reducen el riesgo de infección por gastritis atrófica, pero no por H. pylori. Además, estos resultados sugieren que una ingesta más frecuente de margarina, Tsukemono (verduras en escabeche) o bebidas de cola puede ser un factor de riesgo para AG, mientras que los alimentos ricos en carotenos, como el β-caroteno y los n-6PUFA, como ácido μ-linolénico, puede reducir el riesgo de AG.
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Otros alimentos confirmados: En la actualidad, la mayoría de los datos confirman
la actividad antibacteriana de los siguientes alimentos:
– Brotes de brócoli,
– Jugo de arándanos silvestres,
– Algunos tipos de aceites vegetales,
– Aceite de semilla de grosella negra.
Se han estudiado otros agentes como ajo, las vitaminas C y E, el té verde, el vino tinto y el regaliz, pero se requieren ensayos clínicos bien diseñados para determinar su eficacia en las poblaciones afectadas, como opción de tratamiento y medida preventiva.
En los últimos años, se ha identificado un papel potencial de la infección por Helicobacter Pylori en el desarrollo, entre otros, de esteatohepatitis no alcohólica, resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo 2, adenomas y adenocarcinoma de colon, cáncer de las vías biliares, demencia, psoriasis y utricaria crónica.
Uso concomitante de probióticos
Se recomienda el uso concomitante de probióticos en edad pediátrica durante el tratamiento erradicador por su beneficio en la prevención de efectos adversos asociados al uso de antibióticos de amplio espectro. Actualmente no existe evidencia suficiente para aconsejar el uso concreto de un probiótico determinado que favorezca la erradicación de Helicobacter Pylori.





